Reseña: ENTRE TIZAS, CHIPS E INTELIGENCIA ARTIFICIAL:  
UN VIAJE DESDE LA EDUCACIÓN TRADICIONAL A LA ERA  
POSTDIGITAL  
Resumen  
La introducción del libro Entre tizas, chips e inteligencia artificial, escrita por los compiladores Susana  
Copertari y Fernando Avendaño, presenta la obra como una producción colectiva que nace ante la  
necesidad imperiosa de problematizar la compleja relación entre la inteligencia artificial, los  
dispositivos digitales y los sistemas multimediales en el ámbito educativo. Sitúan el origen de esta  
reflexión en el escenario postpandemia, momento en el cual la hibridación educativa emergió como  
una respuesta a una "revolución mental" que transformó nuestros modos de habitar el mundo. Los  
autores definen el contexto actual como una "era postdigital", donde la tecnología se volvió invisible  
y cotidiana. Bajo esta premisa, argumentan que el debate sobre la inteligencia artificial requiere un  
equilibrio reflexivo donde la tecnología esté al servicio de la creatividad, la empatía y el pensamiento  
crítico. En esta línea, se sostiene que la IA no reemplaza al maestro, sino que lo potencia, siempre y  
cuando se mantenga el vínculo humano como eje central del acto educativo.  
Resumo  
A introdução do livro Entre giz, chips e inteligência artificial, escrito pelos compiladores Susana  
Copertari e Fernando Avendaño, apresenta a obra como uma produção coletiva que nasceu da  
urgente necessidade de problematizar a complexa relação entre inteligência artificial, dispositivos  
digitais e sistemas multimídia no campo educacional. Situam a origem desta reflexão no cenário pós-  
pandemia, momento em que a hibridização educacional surgiu como resposta a uma “revolução  
mental” que transformou as nossas formas de habitar o mundo. Os autores definem o contexto atual  
como uma “era pós-digital”, onde a tecnologia se tornou invisível e cotidiana. Sob esta premissa,  
defendem que o debate sobre a inteligência artificial exige um equilíbrio reflexivo onde a tecnologia  
esteja ao serviço da criatividade, da empatia e do pensamento crítico. Nessa linha, defende-se que a  
IA não substitui o professor, mas antes o potencializa, desde que o vínculo humano seja mantido  
como eixo central do ato educativo.  
Abstract  
The introduction of the book Between chalks, chips and artificial intelligence, written by the  
compilers Susana Copertari and Fernando Avendaño, presents the work as a collective production  
that was born from the urgent need to problematize the complex relationship between artificial  
intelligence, digital devices and multimedia systems in the educational field. Locate the origin of this  
reflection in the post-pandemic scenario, a moment in which educational hybridization emerged as a  
response to a "mental revolution" that transformed our ways of inhabiting the world. The authors  
define the current context as a "post-digital era", where technology has become invisible and  
everyday. Under this premise, they argue that the debate on artificial intelligence requires a reflective  
balance where technology is at the service of creativity, empathy and critical thinking. Along these  
lines, it is argued that AI does not replace the teacher, but rather enhances him, as long as the human  
link is maintained as the central axis of the educational act.  
INTRODUCCIÓN  
Copertari y Avendaño se apoyan en aportes teóricos fundamentales para comprender el  
cambio epocal que se está atravesando. Utilizan la metáfora de la "insurrección cultural" de Baricco  
Revista Científica Educ@ção v.12● n.18● edição especial/2026.  
para explicar cómo las estructuras jerárquicas del siglo XX fueron desafiadas por una nueva matriz  
cultural, simbolizada en el videojuego Space Invaders, que prioriza la inmediatez, la retroalimentación  
constante y la experiencia gamificada. A partir de este marco, el texto dialoga con autores como  
Litwin, Jenkins y Castells para subrayar que la tecnología debe ser entendida como el corazón de una  
nueva ecología del aprendizaje donde el docente debe constituirse como diseñador de experiencias,  
facilitador y curador de contenidos.  
Los autores exponen una visión renovada del rol docente en entornos híbridos, apoyándose  
en la idea de que enseñar implica asumir un compromiso con la innovación situada. A su vez,  
subrayan que las transformaciones actuales encuentran su filiación en teorías pedagógicas sólidas,  
como el constructivismo y el aprendizaje significativo, reafirmando que la transición "de la tiza al  
chip" simboliza un giro mental y pedagógico profundo. La obra se ofrece, en definitiva, como un  
espacio dialógico destinado a desentrañar problemáticas actuales, que invita a los lectores a mirar más  
allá de la fascinación por lo automático para rescatar la dimensión humana y emancipadora de la  
educación.  
DESARROLLO  
En el primer capítulo, Susana Copertari y Fernando Avendaño analizan la irrupción de la  
Inteligencia Artificial como un fenómeno de descentramiento que, en términos epistemológicos y  
ontológicos, se inscribe en una trayectoria histórica de transformaciones profundas, sugiriendo que  
“la historia del pensamiento occidental puede leerse como una serie de heridas narcisistas que han  
descentrado al ser humano” (p. 31). Esta nueva realidad, lejos de representar un límite, se constituye  
en el motor de una pedagogía que asume un rol transformador para incidir positivamente en la  
subjetividad de docentes y estudiantes, así como en las estructuras institucionales. En este escenario  
de reconfiguración de los procesos de enseñanza y aprendizaje, cobra relevancia el interrogante: ¿Qué  
ocurre cuando se cree que las máquinas aprenden, crean y piensan? La respuesta estratégica ante tal  
desafío radica en una evolución hacia la integralidad del conocimiento, fundamentada en la idea de  
que “las escuelas y universidades de hoy deben formar polímatas. “Un polímata es un sujeto que  
posee conocimientos profundos y habilidades en múltiples disciplinas” (p. 35). La propuesta  
académica de los autores orienta la educación hacia una formación multidisciplinaria que trasciende  
la especialización y recupera la potencia creativa del sujeto frente a la mediación tecnológica.  
En el capítulo 2, Miriam Kap y Carina Lion proponen un abordaje de la Inteligencia Artificial  
Generativa (IAG) que trasciende la mera asimilación técnica para situarse en la reinvención de la  
subjetividad y la estructura del pensamiento en el ámbito educativo. Plantean una pedagogía centrada  
en la recuperación de la dimensión ética y humana, que supere la aceptación pasiva de la  
automatización, donde el aula se constituye como un espacio de resistencia estratégica y construcción  
de saberes. El núcleo de esta propuesta reside en la capacidad de la enseñanza para transformar la  
tensión tecnológica en una oportunidad de experimentación crítica, bajo la premisa de que “allí donde  
la IAG tiende a homogeneizar, la imaginación pedagógica propone experimentar, interrumpir,  
especular y reinventar” (Kap y Lion, 2025, p. 60). Esta perspectiva permite desplazar el foco de la  
delegación cognitiva hacia una autonomía creativa que interpela la opacidad de los algoritmos  
mediante el debate y la explicitación de sentidos comunes. En este escenario, surge el interrogante  
fundamental, ¿Cómo enfrentar la posible pérdida de autonomía cognitiva para recuperar la potencia  
creativa del acto de enseñar? Las autoras consideran y concluyen en que “mientras el acto de enseñar  
requiere explicitar sentidos, debatir supuestos y construir saberes en común, la IAG opera bajo lógicas  
que clausuran el sentido en respuestas rápidas y cerradas” (Kap y Lion, 2025, p. 65). De este modo,  
la claridad epistémica orienta la práctica docente hacia una vigilancia ética y una acción pedagógica  
que busca la apertura de nuevos horizontes especulativos frente a la inmediatez algorítmica, dejando  
de lado la prohibición.  
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En el capítulo 3, el Dr. Francisco Arri propone un análisis profundo sobre la capacidad de  
gobernar que tiene la educación en tiempos de incertidumbre tecnológica, desplazando la mirada  
desde el control administrativo hacia la gestión de la comunicación y el aula. El autor establece que  
la conducción de las instituciones en la actualidad requiere una visión integral, sosteniendo que  
"podemos ampliar esta mirada al considerar que el gobierno de la educación no solo opera a nivel  
estructural, sino también en el gobierno del aula, donde intervienen perspectivas como la evaluación  
y la planificación" (Arri, 2025, p. 71). Esta premisa permite entender que la irrupción de la Inteligencia  
Artificial (IA) es una realidad cotidiana que redefine la labor pedagógica directa.  
A medida que avanza en su argumentación, Arri desarticula los discursos que presentan a la  
tecnología como un evento aislado o puramente novedoso, optando hacia un enfoque que considere  
la red de relaciones en la que se inscribe. Para el autor, el análisis debe ser sistémico, ya que "para  
pensar estas emergencias es preciso referirse a las tecnologías, a los medios, a la circulación, al uso y  
al consumo" (Arri, 2025, p. 73). Esta perspectiva evita caer en el determinismo tecnológico y permite  
observar cómo la sociedad y la educación se reapropian de las herramientas según sus propias  
necesidades e historias previas, superando la dicotomía entre el asombro y el rechazo.  
En la última parte del capítulo, se presenta un interrogante que surge de forma implícita, ¿qué  
implica para los docentes e investigadores el desafío de "salir de los discursos tecnocráticos"? Ante la  
mutación de los sentidos y de lo real que impone la técnica, Arri propone que la fortaleza docente  
radique en sus capacidades humanas. Solo así es posible formular nuevas preguntas críticas frente a  
un entorno incierto, priorizando la reflexión sobre la simple ejecución de herramientas tecnológicas.  
En el capítulo 4, Federico Lippenholtz plantea una reconfiguración estratégica de la labor  
docente frente a la tecnología, centrada en la posibilidad de escalar y mejorar el impacto del juicio  
humano y las habilidades pedagógicas. En este contexto postdigital, la integración de la tecnología se  
entiende como un fortalecimiento de la capacidad humana para habitar la disrupción, manteniendo  
la profundidad crítica y la centralidad del sujeto. Esta evolución requiere el desarrollo de una destreza  
fundamental: “la capacidad de convertir un objetivo de aprendizaje en una instrucción operativa para  
una herramienta sin perder el control del sentido” (p. 100). Esta propuesta académica se articula en  
torno al siguiente interrogante, ¿Cómo inteligenciar la IA, es decir, situar su discusión en problemas  
educativos concretos? El autor sostiene que para ello se debe asegurar que la innovación sea siempre  
un medio para potenciar la enseñanza. De esta manera, se establece con rigor que “la inteligencia  
artificial, por sí sola, no transformará la educación; solo puede hacerlo dentro de la arquitectura  
pedagógica, ética e institucional que la encuadre como mediación y no como fin” (p. 106-107),  
consolidando un modelo donde la técnica permanece supeditada a una arquitectura ética y pedagógica  
superior.  
En el capítulo 5, las autoras Mariela Silva González, Laura Curbelo Varela y Celsa Puente  
Negreira (2025) proponen una enseñanza centrada en la recuperación de la pausa y el vínculo  
intersubjetivo como pilares fundamentales del proceso educativo contemporáneo. La pedagogía se  
orienta hacia la creación de un entramado relacional que legitima la presencia del otro y la  
construcción compartida, asumiendo con rigor que “para enseñar el mundo hoy se necesita encuentro  
y entramado colectivo entre enseñantes, entre aprendientes y entre ambos” (p. 134). Esta arquitectura  
pedagógica busca resguardar la profundidad de la reflexión y la potencia del acto de educar, lo que  
conduce a los interrogantes centrales sobre ¿cómo proteger el tiempo del pensamiento y la pausa del  
diálogo? ¿cómo tomar el riesgo de enseñar y cómo ser interrupción enseñante? Al situar la práctica  
en este plano, el ejercicio docente se resignifica como una “interrupción enseñante” (p. 122), capaz  
de generar espacios de diálogo y pensamiento propio, que prioricen la calidad de la experiencia  
educativa y la solidez de los lazos colectivos frente a la inmediatez tecnológica.  
Dentro del Capítulo 6, Tayanne Fernandes Lustosa analiza la evolución del rol docente hacia  
una mediación crítica y estratégica, donde la tecnología se constituye como un catalizador que  
potencia el juicio humano, bajo la premisa de que:  
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la IA no sustituye al educador, sino que transforma su función, quien pasa de ser  
transmisor de contenidos a mediador y curador del conocimiento, desarrollando  
junto a los estudiantes habilidades esenciales para el siglo XXI, como el  
pensamiento crítico, la resolución de problemas complejas y el uso ético de las  
tecnologías (Fernandes Lustosa, 2025, p. 125).  
La autora explica que esta transición demanda una postura analítica que permita comprender  
los impactos sociales y los valores intrínsecos de los algoritmos, integrándolos de manera consciente  
en la arquitectura pedagógica. En este escenario de innovación, el texto conduce inevitablemente al  
interrogante sobre la necesidad de ¿cómo revisar estas nuevas prácticas docentes a través de la  
concepción de la evaluación? Asumiendo que la profundidad de este cambio exige una coherencia  
metodológica renovada, la propuesta concluye en que la transformación educativa debe ser integral y  
sistémica, reconociendo con honestidad epistémica que no se puede seguir evaluando de la misma  
manera con el uso de la IA, por lo que es necesario orientar la enseñanza hacia un horizonte de  
realismo estratégico y excelencia académica.  
En el Capítulo 7, María Alejandra Ambrosino analiza la condición posdigital como un  
ecosistema donde la tecnología se constituye en el tejido fundamental de la existencia humana. En  
este contexto de datificación, la autora sostiene que “hemos metido nuestro cuerpo en lo digital, y  
ahora estamos en un escenario posdigital, una fase donde las tecnologías no son una opción externa,  
sino el ambiente mismo en el que se despliega la vida” (p. 140). Esta perspectiva permite redefinir el  
diseño pedagógico como una oportunidad estratégica para construir trayectorias que integren la  
dimensión simbólica y material con el crecimiento del estudiante. Bajo este enfoque, surge el siguiente  
interrogante ético, ¿cómo educamos para un mundo donde lo digital es ineludible, pero también  
opaco? Para ello, la autora menciona que es necesario asegurar que la formación sitúe la ética en el  
centro del entorno, para que potencie la calidad del pensamiento en la comprensión de que “diseñar  
itinerarios de aprendizaje implica crear puertas de entrada significativas, que conecten los entornos  
simbólicos y materiales con el desarrollo sociocognitivo” (p. 143), consolidando una arquitectura  
educativa capaz de dotar de sentido a la mediación algorítmica.  
En el Capítulo 8, Fernando Irigaray y Sebastián Castro Rojas analizan la transformación del  
escenario educativo a partir de la emergencia de ambientes digitales y redes conectivas, entendidos  
como los nuevos espacios donde se articula la construcción de sentido. Para los autores, esta  
transición representa una oportunidad para una reconfiguración profunda de la enseñanza,  
fundamentada en que “la incorporación de tecnologías digitales no es solo una cuestión de soporte  
técnico: redefine las condiciones mismas del acto educativo” (p. 156). Bajo este paradigma, la  
habitabilidad de una vida atópica y transorgánica se presenta como un campo de acción estratégica  
para regular el entorno social de manera consciente. En este marco de redefinición, el desarrollo del  
texto conduce necesariamente al interrogante sobre ¿cuál es la política que contienen los artefactos?,  
una pregunta que surge de la exigencia de reflexionar críticamente para intervenir con autonomía en  
el ecosistema digital. De este modo, la mediación tecnológica se integra en la práctica pedagógica con  
el propósito de “regular el campo social con el fin de construir un entorno” (p. 155), que potencie la  
capacidad de agencia y la construcción colectiva de saberes en la era de la conectividad.  
En el último capítulo, la Mg. Yanina Fantasía establece una continuidad histórica entre los  
medios de enseñanza tradicionales y la actual omnipresencia de la Inteligencia Artificial Generativa  
(IAG), comprendiendo a las tecnologías como los modos fundamentales de ordenar nuestro mundo.  
En este escenario posdigital, la facilidad de interacción con los sistemas automáticos se presenta como  
una oportunidad estratégica para que el docente ejerza su pericia en la asignación de sentido,  
aprovechando que estas herramientas emulan el lenguaje humano para facilitar nuevas formas de  
mediación pedagógica. Según la autora, la propuesta académica se centra en la capacidad de los  
educadores para intervenir activamente en los procesos de circulación del saber, reconociendo con  
rigor que “nadie mejor que los docentes para poner en juego el sentido crítico que la interacción con  
la IAG requiere” (p. 172). Bajo esta premisa, la labor institucional se orienta hacia una observación  
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atenta de los resultados tecnológicos, promoviendo una formación que trasciende la mera pericia  
técnica para centrarse en la profundidad del análisis. El acto de enseñar se revaloriza así al permitir  
“propiciar un posicionamiento crítico y reflexivo frente a los modos en los que se construye, circula  
y legitima el conocimiento” (p. 84). En este marco de acción, surge el interrogante fundamental  
planteado por la autora respecto a la necesidad de cuestionar los procesos simbólicos, lo cual nos  
conduce directamente a preguntarnos: ¿cómo se construye, circula y legitima el conocimiento? Se  
explica que esta pregunta se vuelve operativa para desentrañar la lógica de los resultados que ofrecen  
las tecnologías actuales, permitiendo que la arquitectura pedagógica recupere su centralidad en la  
formación de subjetividades. La visión de Fantasía consolida una hoja de ruta para habitar la  
disrupción tecnológica con honestidad epistémica, asegurando que el entorno escolar sea el espacio  
primordial para la validación de saberes con realismo estratégico. Al situar la reflexión en el núcleo  
de la práctica, se garantiza una transición hacia modelos educativos integrales donde la experiencia  
docente es el eje de la calidad del pensamiento. Esta perspectiva transforma el riesgo de la  
automatización en una potencia creativa que fortalece la autonomía del estudiante y la relevancia  
social de la institución educativa frente a los desafíos de la contemporaneidad, promoviendo un  
aprendizaje con sentido.  
CONCLUSIONES  
La lectura integral de Entre tizas, chips e inteligencia artificial permite concluir que la educación  
se encuentra frente a una reconfiguración de sus propios cimientos. A lo largo de sus páginas, la obra  
demuestra que habitar la era postdigital exige superar la visión tecnocrática para abrazar una  
alfabetización crítica, donde comprender la "gramática de la IA" (Copertari; Avendaño, 2025, p. 33),  
y la opacidad de los algoritmos se vuelve un imperativo ético y político. Los autores coinciden en que  
el mayor riesgo pedagógico de nuestro tiempo es la delegación del pensamiento; por ello, el libro  
funciona como un manifiesto en favor de la inteligencia humana, proponiendo que la escuela y la  
universidad deben ser espacios que fomenten procesos metacognitivos profundos para evitar que la  
eficiencia técnica derive en un sedentarismo cognitivo.  
La obra concluye que el rol docente experimenta una transformación vital, desplazándose  
desde la transmisión de saberes hacia una función de mediación, curaduría y diseño de experiencias  
disruptivas. El concepto de "inteligenciar" (Figueroa, 2025, p. 87) la educación, atraviesa el texto  
como un llamado a la acción docente para transformar la información en conocimiento situado,  
utilizando la "pedagogía de la interrupción" (Duschatzky, 2023, p.33), para cuestionar los  
automatismos que las máquinas imponen. Este viaje, que se inicia simbólicamente con la tiza y se  
expande a través del chip, culmina en la propuesta de una ética de la hospitalidad. En última instancia,  
el libro de Copertari y Avendaño nos recuerda que, el desafío supremo de la educación sigue siendo  
el resguardo de lo humano, el fortalecimiento del vínculo pedagógico y la construcción de un porvenir  
más justo y democrático donde la tecnología esté al servicio de la subjetividad y no a la inversa.  
REFERENCIAS  
COPERTARI, Susana; AVENDAÑO, Fernando (Comp.). Entre tizas, chips e inteligencia artificial: un  
viaje desde la educación tradicional a la era postdigital. Rosario: Homo Sapiens Ediciones, 2025. 206 p.  
Informações do(a)(s) autor(a)(es)  
Nombre: Gabriela Analía Pepermans  
Grado de escolaridad: Docente de Nivel Inicial (Normal Nº1). Profesora Universitaria para la Educación  
Secundaria y Superior (UCA). Psicóloga (UNR). Especialización en N.E.E. e Inclusión con  
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especialización en Autismo (FLACSO). Especialización en Gestión y Liderazgo de los Procesos de  
Mejora en Instituciones Educativas (UCA).  
Doctoranda en Educación (FHYA-UNR).  
Afiliación institucional: Universidad Nacional de Rosario (UNR).  
Correo electrónico: gabypepermans@gmail.com.  
Nombre: Nicolás Alejandro Yoncheff  
Grado de escolaridad: Magíster en Política y Gestión de la Seguridad Alimentaria (UNR), Profesor  
Universitario para la Educación Secundaria y Superior (UAI), Licenciado en Nutrición (UAI),  
Doctorando en Educación (FHYA-UNR).  
Afiliación institucional: Universidad Nacional de Rosario (UNR).  
Correo electrónico: nicolas.yoncheff@unr.edu.ar  
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