La dimensión epistémica implica trascender una alfabetización digital instrumental para cultivar
alfabetismos expandidos (Piscitelli; Ferrarelli, 2025), que permitan interrogar la arquitectura de poder detrás
de la IA. Esto requiere lo que Copertari y Sgreccia (2018, p. 27) denominan una “vigilancia epistemológica”
constante, en diálogo con la tradición epistemológica de Bachelard (2004), para quien el conocimiento
científico exige una crítica permanente de sus propias certezas y obstáculos, capaz de discernir las
“alucinaciones fácticas y de forma” de los sistemas generativos. La dimensión ética posiciona al docente
como garante frente a la despersonalización y la mercantilización de los datos, custodiando la educación
como “encuentro intersubjetivo” (Freire, 1996, p. 23) y resistiendo la “gestión algorítmica da docência”
(Cechinel; Mueller, 2022). Finalmente, la dimensión práctica concibe al mediador como diseñador de
ecologías híbridas (Gonfiantini, 2025), que utiliza la IA como catalizador para actividades de orden superior
como el debate y la creación colaborativa, subordinando la herramienta al proyecto pedagógico (Litwin,
2005).
Aplicación del marco al caso de la Diplomatura en Ciudadanías Plurales
El examen del caso de la UNR revela cómo este programa institucionaliza operativamente la
mediación crítica. En su dimensión epistémica, el currículum interdisciplinario de la Diplomatura, anclado
en Humanidades y Ciencias Sociales, funciona como una cartografía crítica. Un módulo sobre “Tecnologías
digitales y espacio público” no se limitaría a la capacitación técnica, sino que fomentaría una arqueología
crítica de la IA, analizando su genealogía político-económica y sus impactos en la esfera pública, tal como
lo sugieren Rincón Pinzón y Cortés González (2024) al señalar que los algoritmos configuran las prácticas
de participación ciudadana. Esto cultiva un pensamiento polimático, antídoto contra la especialización
fragmentaria, favoreciendo una comprensión compleja de los fenómenos sociotécnicos contemporáneos,
tal como propone Morin (1999) al defender una educación capaz de articular saberes y enfrentar la
incertidumbre.
En su dimensión ética, el núcleo mismo del programa —la construcción de ciudadanías plurales—
se erige como un acto de resistencia. El aula se convierte en un espacio para juzgar las implicaciones sociales
de la tecnología, enfrentando a los estudiantes con dilemas concretos sobre reconocimiento facial o
personalización algorítmica. Esta postura ética es una barrera esencial contra la lógica extractivista del
capitalismo de vigilancia (Zuboff, 2021), que amenaza con convertir la educación en un campo de datos. La
Diplomatura, al priorizar el compromiso social universitario (Gerlero, 2018), defiende la autonomía
pedagógica frente a lo que Cechinel y Mueller (2022) identifican como un “doble educativo” algorítmico.
En la dimensión práctica, la mediación se traduce en el diseño de ecologías de aprendizaje activas.
Una consigna posible sería utilizar un modelo de lenguaje para generar un discurso político y, luego, en foro
colaborativo, realizar una auditoría crítica que identifique sesgos y contraste el output con fuentes primarias.
Esta actividad, que fomenta alfabetismos aumentados de producción crítica (Ferrarelli, 2021), ilustra el
principio de Litwin (2005): la tecnología adquiere sentido por el proyecto pedagógico, no a la inversa. La IA
deja de ser un oráculo para convertirse en objeto de estudio y desmontaje crítico.
Discusión: Integración crítica versus adopción instrumental
Los resultados demuestran que la Diplomatura de la UNR ejemplifica un camino de integración
crítica, radicalmente diferente a la mera adopción instrumental de tecnología. Mientras que el enfoque
instrumental se centra en la eficiencia y la capacitación en el uso de herramientas, el enfoque crítico tejido
en este caso teje una perspectiva política y ética en la urdimbre misma del currículum. La discusión revela
que los mayores desafíos —la brecha digital multidimensional, la epistemología tóxica de los sesgos
algorítmicos (Cobos et al., 2023) y la erosión de la autonomía docente por la presión por la eficiencia— no
son problemas técnicos, sino políticos y pedagógicos.
Revista Científica Educ@ção v.12● n.18● edição especial/2026.