En este marco, el ámbito no formal se configura como un espacio de inserción laboral
significativo para el profesorado, con presencia en clubes, gimnasios, centros de entrenamiento, grupos
de entrenamiento al aire libre, natatorios e instituciones orientadas a personas con discapacidad, entre
otros. Esta variabilidad de escenarios, actividades y vínculos interpersonales favorece la articulación,
desde una perspectiva territorial, con nuevas modalidades de interacción virtual, consolidando una
creciente mixtura entre lo presencial y lo digital (Maquera et al., 2024).
Esta diversidad de escenarios sitúa a la Educación Física en una posición permeable a las
transformaciones tecnológicas. La heterogeneidad de contextos y modalidades vinculares se articula
con patrones de comportamiento digitales ya consolidados, otorgando a la disciplina una
dimensionalidad híbrida que reconfigura los modos en que se experimentan las prácticas corporales.
Investigaciones recientes (Ramos, 2020; A’naja et al., 2024; Pürgstaller et al., 2025) dan cuenta
de un creciente interés por estos procesos, tanto en la comunidad científica como en los actores del
sistema escolar. En este contexto, la digitalización se configura como una de las principales fuerzas de
transformación de los formatos educativos contemporáneos (Rivas, 2021), con incidencia directa en el
rol docente en sus dimensiones técnica y comunicacional. Este fenómeno se observa con claridad en
prácticas como el running, donde las tecnologías digitales se han consolidado como un componente
habitual del equipamiento deportivo, siendo utilizadas por corredores y entrenadores para el monitoreo
de variables vinculadas a la carga de entrenamiento (Sancio et al., 2022).
El carácter multifuncional, accesible y miniaturizado de los dispositivos ha favorecido su uso
extendido en la diversidad de actividades físico-deportivas. A ello se suma la proliferación de
aplicaciones móviles de libre acceso -como Strava- que amplían el horizonte de la práctica: ya no se
trata únicamente de cuantificar el rendimiento individual, sino también de integrarse a comunidades
virtuales mediante la socialización de los registros en redes sociales (Soulé et al., 2022). En ese sentido,
como señala Ferrari (2021, p. 399), conocer las características de los entornos y sus posibilidades resulta
clave para intervenir en escenarios híbridos. De este modo, atender a las innovaciones tecnológicas en
Educación Física no implica solo considerar los dispositivos en sí y sus beneficios técnicos, sino
también comprender las lógicas sociales y culturales que orientan sus usos.
Desde esta perspectiva, el entramado entre lo digital y las prácticas corporales habilita nuevas
formas de involucramiento con el ejercicio físico. Por un lado, la posibilidad de acceder a datos
biométricos en tiempo real mediante tecnologías vestibles (wearables) configura al sujeto del yo-
cuantificado; por otro, el uso de aplicaciones móviles introduce lenguajes y dinámicas propias que
inciden en la construcción de vínculos y en la experiencia de la práctica.
En este marco, el ciberespacio -definido por Lèvy (2007, p. 127) como un dispositivo
privilegiado de la inteligencia colectiva para la comunicación interactiva y comunitaria- se presenta
como un entorno relevante para la Educación Física contemporánea, al posibilitar experiencias híbridas
donde se articulan dimensiones tecnológicas, sociales y culturales (Blanco, 2024). Ejemplos como el
del Surf (Estrada Milan, 2020) muestran cómo los practicantes asumen simultáneamente roles de
consumidores y productores de contenidos, consolidando al entorno digital como un espacio activo
de participación. Allí, los surfistas no solo registran y comparten contenidos multimediales (fotografías,
videos, eventos y noticias), sino que también gestionan la adquisición de equipamiento y organizan
traslados mediante aplicaciones de mensajería, consolidando al ciberespacio como un territorio de
acción fundamental de la cibercultura deportiva.
Por otra parte, en el ámbito educativo, la virtualidad impulsada por la pandemia de COVID-
19 aceleró la incorporación de tecnologías digitales, evidenciando la necesidad de desarrollar
propuestas específicas en docentes y estudiantes para el desarrollo de competencias digitales (Chiecher;
Riccetti, 2023). En este marco, como señala Antelo (1999, p. 17), enseñar es un verbo y, para poder
enseñar, un profesor debe apropiarse de múltiples vocabularios.
Este escenario permite comprender que la digitalización no constituye una respuesta
meramente coyuntural, sino un proceso de carácter estructural que redefine la práctica docente y la
formación profesional en Educación Física. En este sentido, la apropiación de “múltiples
vocabularios” -planteada por Antelo en 1999- incorpora necesariamente lenguajes digitales que
atraviesan tanto el diseño didáctico como las formas de interacción pedagógica. En este marco,
Revista Científica Educ@ção v.12● n.18● edição especial/2026.