Transformations in Latin America, 2024). A la vez, se observa que la exposición a automatización total
es relativamente acotada, pero puede concentrarse en nichos de trabajo administrativo rutinario y de
apoyo, lo que abre la posibilidad de procesos de polarización ocupacional ya documentados en otras
regiones (OECD, 2023). Así, los trabajos más necesarios tienden a ubicarse en la intersección entre
alta exposición a la IA y alto potencial de aumento de productividad, siempre que quienes los
desempeñan dispongan de talento aumentado.
Un primer bloque de trabajos más necesarios en el futuro inmediato está compuesto por
ocupaciones intensivas en datos, analítica e inteligencia artificial. Aquí se encuentran especialistas en
ciencia de datos, analistas de big data e ingenieros de datos, así como programadores y desarrolladores
que integran sistemas de IA en aplicaciones y procesos, junto con profesionales dedicados al
aprendizaje automático y a la protección de infraestructuras críticas en el campo de la ciberseguridad
(OECD, 2023; Naciones Unidas–CEPAL, 2025). En estas trayectorias, la IA no solo es herramienta
de trabajo, sino también objeto de diseño, ajuste y supervisión. La demanda de este tipo de perfiles ha
aumentado de forma sostenida en diversos mercados laborales de la región, aunque desde niveles
todavía modestos en comparación con economías centrales (Naciones Unidas–CEPAL, 2025).
En el caso de la programación y el desarrollo de software, los estudios coinciden en que una
proporción creciente de tareas rutinarias de codificación puede ser automatizada o asistida por sistemas
de IA generativa, lo que reconfigura el contenido del trabajo de los equipos de desarrollo más que
eliminarlos por completo (OECD, 2023; Naciones Unidas–CEPAL, 2025). En este escenario, se prevé
una reducción relativa de tareas de programación repetitiva y un aumento de la demanda de perfiles
capaces de diseñar arquitecturas, supervisar código generado por IA, integrar sistemas y gestionar
proyectos complejos, es decir, talento aumentado en el campo del desarrollo de software.
En este sentido, estos trabajos requieren talento aumentado en un doble sentido. Por un lado,
quienes se desempeñan en ellos necesitan competencias técnicas avanzadas para comprender modelos
de IA, gestionar ciclos de vida de datos y anticipar riesgos asociados a seguridad, privacidad y sesgos.
Por otro, deben articular estas competencias con capacidades de comunicación, trabajo
interdisciplinario y comprensión de los contextos sectoriales en los que se despliegan las soluciones, ya
sea salud, finanzas, educación, logística u otros campos.
Un segundo bloque de trabajos más necesarios está vinculado con los cuidados y los servicios
a personas, en particular en salud, educación y atención social. Los sistemas de salud comienzan a
incorporar IA para apoyo diagnóstico, priorización de casos, gestión de historias clínicas y seguimiento
de tratamientos, mientras que en educación se experimenta con tutores inteligentes, sistemas de
recomendación de recursos y herramientas de apoyo a la evaluación (Naciones Unidas, 2024;
Organización de Estados Iberoamericanos, 2024). Aun así, en ambos campos el núcleo del trabajo
sigue ligado al juicio clínico o pedagógico, a la relación interpersonal y a la capacidad de sostener
procesos de cuidado y aprendizaje situados.
En este escenario, quienes se desempeñan en medicina, enfermería, docencia, psicología,
trabajo social y otros ámbitos de cuidados se vuelven actores centrales en un escenario donde la IA
puede descargar parte de la carga informacional —búsqueda, síntesis, registro, monitoreo—, pero no
reemplaza la responsabilidad última sobre decisiones que afectan vidas concretas. La noción de talento
aumentado resulta particularmente pertinente aquí, porque pone el acento en la capacidad de integrar
información generada por sistemas de IA en decisiones que deben considerar dimensiones éticas,
afectivas y contextuales.
Un tercer bloque lo constituyen las profesiones jurídico‑administrativas y de gestión,
tradicionalmente asociadas al trabajo de oficina y al manejo intensivo de documentos. En campos
como el derecho, la contabilidad, la administración pública, la gestión de personas o los servicios
financieros ya se dispone de herramientas de IA que redactan borradores de contratos, sintetizan
expedientes, analizan estados contables, filtran currículos o generan informes de riesgo (World Bank
Group & International Labour Organization, 2024; OECD, 2023). Estudios recientes describen una
transformación silenciosa del trabajo de “cuello blanco”, donde una parte creciente de la jornada se
dedica a revisar, editar y validar textos o análisis producidos de forma semiautomática.
Revista Científica Educ@ção v.12● n.18● edição especial/2026.