JUNG NO MARCO DO PENSAMENTO COMPLEXO: UMA  
APROXIMAÇÃO A PARTIR DO PARADIGMA DA COMPLEXIDADE  
DE EDGAR MORIN  
Resumo  
Esta análise teórica examina as convergências epistêmicas entre a psicologia analítica de Carl Jung e o  
pensamento complexo formulado por Edgar Morin, demonstrando que ambos os marcos compartilham  
uma concepção relacional e não reducionista do conhecimento. Por meio da análise comparativa dos  
princípios dialógico, hologramático e de recursividade organizacional propostos por Morin, identificam-se  
correspondências estruturais e epistêmicas com conceitos junguianos fundamentais: o Si-mesmo, a Sombra,  
ánima/ánimus e Individuação. A análise revela que ambos os sistemas exibem claros padrões isomórficos de  
interdependência, emergência e devir, que operam simultaneamente em múltiplos níveis individual,  
coletivo, biológico e sociocultural. Em consequência, argumenta-se que o paradigma da complexidade, ao  
reconhecer a multidimensionalidade e a incerteza como elementos constitutivos da realidade, fornece  
fundamentos epistemológicos robustos para a psicologia analítica, oferecendo-lhe uma via sólida para evitar  
interpretações reducionistas. A articulação entre as visões de Jung e Morin permite ampliar a compreensão  
de ambos os marcos teóricos, abrindo caminhos para sua aplicação transdisciplinar.  
Palavras-chave: Pensamento complexo, psicologia analítica, dialógico, holográfico, individuação.  
JUNG EN EL MARCO DEL PENSAMIENTO COMPLEJO: UNA  
APROXIMACIÓN DESDE EL PENSAMIENTO DE EDGAR MORIN  
Resumen  
Este análisis teórico examina las convergencias epistémicas entre la psicología analítica de Carl Jung y el  
pensamiento complejo formulado por Edgar Morin, demostrando que ambos marcos comparten una  
concepción relacional y no reduccionista del conocimiento. Mediante el análisis comparativo de los  
principios dialógico, hologramático y de recursividad organizacional propuestos por Morin, se identifican  
correspondencias estructurales y epistémicas con conceptos junguianos fundamentales: el Sí-mismo, la  
Sombra, Ánima/Ánimus e Individuación. Este análisis revela que ambos sistemas exhiben claros patrones  
isomórficos de interdependencia, emergencia y devenir que operan simultáneamente en múltiples niveles  
de tipo individual, colectivo, biológico y sociocultural. En consecuencia, se argumenta que el paradigma de  
la complejidad al reconocer la multidimensionalidad e incertidumbre como elementos constitutivos de la  
realidad, proporciona fundamentos epistemológicos robustos para la psicología analítica, ofreciéndole una  
vía sólida para evitar interpretaciones reduccionistas. La articulación entre las visiones de Jung y Morin  
permite ampliar la comprensión de ambos marcos teóricos abriendo vías para su aplicación transdisciplinar.  
Palabras clave: Pensamiento complejo, psicología analítica, dialógico, hologramático, individuación.  
JUNG WITHIN THE FRAMEWORK OF COMPLEX THOUGHT: AN  
APPROACH FROM EDGAR MORIN’S PARADIGM OF COMPLEXITY  
Abstract  
Revista Científica Educ@ção v.12● n.18edição especial/2026.  
This theoretical analysis examines the epistemic convergences between Carl Jung’s analytical psychology  
and Edgar Morin’s complex thought, demonstrating that both frameworks share a relational and non-  
reductionist conception of knowledge. Through a comparative analysis of Morin’s principles of dialogics,  
hologrammatics, and organizational recursion, structural and epistemic correspondences are identified with  
fundamental Jungian concepts: the Self, the Shadow, Anima/Animus, and Individuation. The analysis  
reveals that both systems exhibit clear isomorphic patterns of interdependence, emergence, and becoming,  
which operate simultaneously across multiple levelsindividual, collective, biological, and sociocultural.  
Consequently, it is argued that the paradigm of complexity, by recognizing multidimensionality and  
uncertainty as constitutive elements of reality, provides robust epistemological foundations for analytical  
psychology, offering it a solid pathway to avoid reductionist interpretations. The articulation between Jung’s  
and Morin’s perspectives expands the understanding of both theoretical frameworks, opening avenues for  
their transdisciplinary application.  
Keywords: Complex thinking, analytical psychology, dialogical, holographic, individuation.  
INTRODUCCIÓN  
Carl Gustav Jung desarrolló un marco teórico en el que, articulando sus principales ideas, pudo  
explorar la psique humana, trazando como objetivo teleológico la individuación. Sin embargo, su obra ha  
sido objeto de múltiples interpretaciones y debates dentro del campo de la práctica clínica. Aunque su  
propuesta teórica ha sido fuertemente criticada por su estatus epistemológico y aparente falta de rigor  
empírico conceptual, gran parte de estas objeciones surgen de una lectura reduccionista que desconoce la  
complejidad epistémica que subyace a su pensamiento.  
El presente documento sostiene que la convergencia entre Jung y Morin está basada en una visión  
compartida de tipo relacional del conocimiento, donde se lleva a cabo una integración de dimensiones  
simbólicas, culturales y psíquicas.  
A pesar de haberse dado en momentos históricos relativamente distintos, es posible encontrar que  
algunos de los enunciados presentes en la psicología analítica encuentran bases sólidas en los principios  
postulados en la epistemología compleja del pensamiento de Morin. De igual manera guardan cercanas  
similitudes con tradiciones orientales como el budismo, el taoísmo y el hinduismo. Esta convergencia, a su  
vez, nos abre la posibilidad de explorar indirectamente la presencia de estas nociones vinculadas al  
pensamiento complejo enriqueciendo la comprensión de ambos enfoques.  
El propósito de este ensayo teórico-analítico es llevar a cabo una revisión de la obra de Jung a la  
luz de, por lo menos, tres principios propios de la epistemología del pensamiento complejo como son el  
principio dialógico, el principio de recursividad y el principio hologramático, correlacionando las  
convergencias existentes entre ambas miradas y mostrando como esta articulación permite superar las  
criticas tradicionales y situar la psicología analítica dentro de un marco teórico contemporáneo y  
transdisciplinar.  
Entre la incomprensión histórica y la complejidad emergente  
Varios fueron y han sido los puntos de debate sobre lo expuesto por el psiquiatra suizo. Las críticas  
más fuertes sin duda provenían principalmente del psicoanálisis ortodoxo, donde era acusado de abandonar  
el “rigor” ejercido en círculos freudianos y de hacer una regresión hacia el pensamiento mágico que se  
alejaba del paradigma cientificista del momento. Para algunos, Jung dio demasiada relevancia a nociones  
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precedentes de terrenos como la antropología, la mitología, la alquimia, la religión y la filosofía,  
denominadas por sus detractores como fuentes pseudocientíficas. Este tipo de comentarios se dieron  
incluso en personajes de alto reconocimiento en dicho momento como Thomas Mann, quien, a pesar de  
reconocer la influencia de Jung en su obra, fue crítico con respecto al uso que este realizaba con los  
arquetipos y mitos pues reforzaba según él unos valores románticos y conservadores lejanos del valor  
interpretativo del humanismo (Bishop, 1996). Erich Fromm, por su parte criticó un ahistoricismo en su  
uso del misticismo (Fromm, 1962) mientras que Hermann Hesse mucho menos doctrinal argumentó un  
exceso de sistematización y abstracción en la obra de Jung (García, 2015). A pesar de estos ejemplos que  
reflejan el influjo de críticas que recibió, sus ideas han sobrevivido en el tiempo y cobrado, cada vez más  
solidez, gracias a los diferentes avances en distintas ramas del conocimiento en la actualidad.  
Hoy por hoy podemos decir que Jung ha sido en cierta medida incomprendido, y que esto ha sido  
resultado en parte por la ausencia de análisis desde una perspectiva distinta a la mirada reduccionista del  
pensamiento clásico predominante en ese momento.  
El pensamiento Junguiano posee un dinamismo que conlleva lo aleatorio, lo profundo, lo no lineal.  
Es así como muchos de sus principios cobran un sentido más coherente si nos permitimos interpretarlos  
desde la mirada de la epistemología de la complejidad.  
METODOLOGÍA  
La metodología empleada en el presente ensayo se lleva a cabo mediante un ejercicio de tipo  
hermenéutico-epistémico, buscando tomar el marco conceptual del pensamiento complejo de Edgar Morin  
como horizonte interpretativo para releer las ideas centrales en la psicología analítica de Carl Jung, con el  
objeto demostrativo que dicho marco permite una comprensión más integradora de la teoría junguina. La  
selección del corpus teórico responde a la necesidad de establecer un dialogo entre dos paradigmas como  
son el reduccionista clásico, en cuyo contexto histórico se desarrolló la psicología analítica, y el pensamiento  
complejo, que ofrece categorías epistemológicas capaces de señalar dimensiones del pensamiento de Jung  
que su propio marco no alcanzaba a evidenciar. La elección de Jung y Morin se da bajo la confluencia de  
una tendencia epistemológica que integra la experiencia humana en marcos más dinámicos e  
interrelacionales. En cuando a los límites y alcances del ensayo, no se busca replantear ni deconstruir los  
conceptos de ninguno de los dos autores, sino articular dos tradiciones teóricas que comparten elementos  
significativos dentro de la epistemología compleja.  
DISCUSIÓN  
La urdimbre junguiana, un pensamiento tejido en la complejidad  
¿Qué hace falta para acercarnos a la comprensión del pensamiento junguiano? Para entender el  
pensamiento de Jung, no basta con leerlo, es preciso interpretarlo, vivirlo, pero no desde una mirada clásica  
o positivista. Para comprenderlo es preciso leer entrelíneas, es necesario entretejer ideas, unir nociones  
aparentemente inconexas, como quien teje en un telar y va dando forma a una magnífica pieza.  
Posiblemente uno de las grandes limitantes para muchos de sus colegas fue el intentar medirlo e  
interpretarlo con la misma vara del pensamiento predominante del psicoanálisis freudiano.  
Comprender el pensamiento junguiano implica un ejercicio complejo que une los puntos que  
constituyen la red emergente de sus ideas, de manera que no se quede solamente confinado a las partes que  
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la constituyen. De esta manera es posible acercarnos de una manera más asertiva al subtexto de su  
pensamiento, a su “physis” alejándose del “nomos” impuesto por paradigmas rígidos. Es necesario hacer a un  
lado los lentes deterministas del pensamiento psicoanalítico predominante y dar cabida a una mirada más  
dinámica e integrativa.  
Dentro de los principales pensadores que han contribuido a plasmar la epistemología compleja y  
que han aportado al desarrollo del paradigma del pensamiento complejo, encontramos a pensadores como  
Francisco Varela y Humberto Maturana quienes aportaron la noción de autopoiesis, Ilya Prigogine quien  
introdujo las estructuras disipativas, Basarab Nicolescu quien derrumbó los muros disciplinares y  
Bertalanffy con su teoría general de sistemas entre muchos otros. Pero es sin duda alguna Edgar Morin el  
principal representante de la teoría del pensamiento complejo, quien a través de su obra El método argumenta  
que la comprensión de la realidad debe ser llevada a cabo de una manera integral y sistémica (Morin, 1981).  
Las nociones de complejidad han estado presentes en innumerables áreas de pensamiento,  
aportando las bases conceptuales que dan cabida a todo aquello que se sale de la ilusión de una realidad  
idealizada. Un buen ejemplo es el de “la dialéctica hegeliana” la cual expone la comprensión de la realidad  
como un proceso altamente dinámico y contradictorio a la vez actuando como el motor de la realidad  
misma, nociones intuitivamente complejas. La “Aufhebung” hegeliana que denota la superación de la fricción  
ejercida entre la “tesis” y la “antítesis”, está empapada de procesos emergentes que superan a sus partes  
constitutivas (Hegel, 2010).  
En la epistemología compleja, encontramos el concepto dialógico que, aunque similar al concepto  
de dialéctica, ya que ambos expresan una relación dinámica entre opuesto, posee sin duda elementos clave  
que los diferencian: mientras la dialéctica surge de un ejercicio de oposición y contradicción entre dos ideas  
buscando así la resolución de dichas fuerzas opuestas con la obtención de una síntesis emergente, la  
dialógica amplia este ejercicio, abriendo un “diálogo” que busca interrelacionar dichas ideas (contradictorias  
o no) en un plano multifacético. No son conceptos que se repelen entre sí, muy por el contrario, hacen  
parte de un mismo proceso de pensamiento mucho más amplio y dinámico. Es indudable que sin un  
pensamiento dialéctico es imposible llegar a un terreno dialógico. No son conceptos opuestos o  
equivalentes per se, son conceptos que se encuentran estrechamente interconectados.  
La ciencia occidental se basó en la clara relegación del sujeto como elemento de relevancia, dado  
que los “objetos” pueden existir de manera independiente del sujeto que lo observa, enmarcando al sujeto  
como aquel factor deformador de la realidad producto de la tergiversación propia de las opiniones, sentidos  
y doxas (Koyré, 2015). Sin embargo, para el pensamiento complejo, tanto el sujeto como el objeto surgen y  
se expresan como dos emergencias inseparables del sistema.  
Así como la psicología analítica sugiere la existencia de una multidimensionalidad de la psique al  
integrar niveles conscientes e inconscientes tanto de tipo individual como colectivo, la epistemología  
compleja permite aceptar la multidimensionalidad y lo relacional consiguiendo integrar aquella  
fragmentación reduccionista y simplista de la realidad. Se trata de una epistemología abierta en el sentido  
de aceptar la imperfección como parte constitutiva de la realidad, la incompletud, la incertidumbre, lo simple  
y lo complejo como parte de lo mismo (Morin, 2005).  
Morin expone a través de sus volúmenes de El Método, lo que viene a ser los principales principios  
presentes como andamiaje de su ejercicio epistémico. Encontramos así tres principios principales que  
permiten concebir la complejidad: el principio dialógico, el principio de recursividad organizacional y el  
principio hologramático. Cabe resaltar que con esto no se está reduciendo el pensamiento complejo  
solamente a estos tres principios, por el contrario, estos soportan la base de muchos otros elementos de  
suma relevancia como son por ejemplo el concepto de emergencia, la multidimensionalidad, entropía,  
neguentropía, imprevisibilidad, entre otros.  
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En contraposición al planteamiento analítico y reduccionista cartesiano que busca separar, aislar y  
simplificar con el fin de alcanzar la certeza de la verdad absoluta, el pensamiento complejo enuncia cómo  
la realidad no puede ser reducida a un principio único y absoluto, pues esto desconoce la existencia de  
múltiples dimensiones interconectadas. El sujeto no es un ente aislado, sino que hace parte de una red de  
relaciones de todo tipo, biológico, cultural y social. Es así como el sujeto y el objeto resultan indisociables,  
aspecto que sin duda Jung logró intuir y plasmar en su teoría de pensamiento al enunciar que es imposible  
tener una certeza absoluta sobre la psique, pues lo único posible es llevar a cabo una aproximación de la  
misma como un saber de tipo contextual, dinámico y abierto.  
El principio dialógico en la psicología analítica y la sabiduría oriental  
El principio dialógico, reconoce la coexistencia de opuestos. Enuncia como dos entidades,  
naturalezas, principios que se encuentran en aparente antagonismo, pueden coexistir y complementarse.  
Ejemplo de estos pares son el orden/desorden, unidad/totalidad, singularidad/diversidad. Este principio  
denota un diálogo permanente en el cual la existencia de uno depende del otro a pesar de ser diametralmente  
opuesto.  
Jung realizó en su camino hacia el entendimiento de la psique una exploración de diferentes culturas  
sin restar valor a ninguna de ellas, lo que le permitió integrar aspectos presentes en distintas corrientes del  
pensamiento. Jung no era un segregador de ideas, muy por el contrario, su personalidad le permitía recibir  
algunas veces con vehemencia, otras con cautela, los diferentes postulados. Gracias a esto y al elevado valor  
que les otorgó a las fuentes primarias, pudo llevar a cabo su propia interpretación de las mismas en un  
marco de diálogo permanente de ideas y de esta manera dar el soporte conceptual a su pensamiento sobre  
la psique.  
A lo largo de su vida Jung expresó su fascinación por el I ching, un texto sapiencial chino de infinita  
riqueza filosófica. Gracias a su estrecha amistad con el sinólogo Richard Wilhelm, realizó el prólogo de este  
texto en donde hace gala de su gran intuición y entendimiento sobre el pensamiento chino. En dicho texto,  
hace referencia a la dualidad fundamental presente en la naturaleza; señala que las líneas (una yin y otra yang)  
del “Taiyi” (太極) reflejan el concepto de complementariedad de opuestos, un principio que claramente se  
relaciona con la casualidad, la sincronicidad y la dinámica del inconsciente (I Ching, 2022).  
El físico danés, Niels Bohr, además de dejarnos su modelo atómico, fue pionero de la mecánica  
cuántica. Converge junto con Jung y Morin en la idea de que la realidad no puede ser reducida a una sola  
perspectiva; en su escudo de armas enuncia “contraria sunt complementa”, en cuyo centro aparece el símbolo  
taoísta del “Taiji” (太極). Bohr buscaba denotar que los opuestos pueden en realidad ser necesarios para  
poder entender una realidad más completa (Bohr, 1932). Bohr con su principio de complementariedad,  
Jung con su “coniunctio oppositorum” de su visión alquímica de la psicología (Jung, 2002) y Morin con la  
dialógica, coinciden en aceptar que los opuestos no solo son contrarios sino a la vez complementarios,  
generando una totalidad emergente más amplia que no puede ser explicada solamente con el análisis de sus  
partes constitutivas.  
El principio dialógico es expresado por Morin como la unidad simbiótica de dos lógicas que se  
nutren entre sí, como en el caso del orden y el desorden en un constante devenir. Jung encuentra este  
diálogo constante y señala que la psique manifiesta esa dinámica entre los estados consciente e inconsciente:  
el primero busca el orden apoyándose en una lógica lineal, mientras que el inconsciente se mueve en el  
“desorden” dado por la aleatoriedad que lleva a un estado de organización determinado en el individuo  
(Jung, 1984).  
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Uno de los conceptos centrales de la psicología analítica, es la “individuación”, que es aquel proceso  
en el cual un individuo consigue un punto de completud, unificación y singularidad siendo quien realmente  
es. Para poder llevar a cabo este proceso es necesario alcanzar una serie de requisitos fundamentales, en  
especial el encuentro de dos polaridades, el ánima con el ánimus. En la psicología analítica se trata de dos  
elementos complementarios presentes en la estructura del inconsciente. El “ánima” representa una imagen  
arquetípica de lo femenino presente en el inconsciente del hombre, mientras el “ánimus” representa una  
imagen arquetípica de lo masculino en el inconsciente de la mujer. Más allá de las correspondencias de  
género, la esencia fundamental de esta figura es la de polaridades complementarias que forman un par  
dialéctico.  
Así como en la filosofía oriental el yin y el yang poseen unas cualidades contrarias pertenecientes a  
una totalidad, cada una de estas engendra a su vez, características de su contrario. Es decir, el yin contiene  
al yang y el yang al yin. De igual manera el “ánima” contiene el “ánimus” y el “ánimus” contiene al “ánima”  
presentes como polaridades pertenecientes a la totalidad de la personalidad del individuo, que no puede  
estar sin la existencia de su polaridad contraria. Con esto nos damos cuenta que este tipo de polaridades  
están presentes en todos los aspectos de la vida y la naturaleza. No es posible la existencia de la organización  
emergente sin sus constituyentes en un intercambio incesante de uno en el otro.  
La complementariedad entre el “ánima” y el “ánimus”, no es el único ejemplo que encontramos en  
los planteamientos expuestos por Jung. Al exponer su teoría sobre los tipos psicológicos, planteó aquella  
polaridad existente entre la introversión y la extroversión; a simple vista nos daría la sensación de querer  
encasillar a las personas en alguno de estos dos tipos negando así sus potencialidades contrarias, sin  
embargo, el sentido esencial es totalmente contrario. Jung notó que instintivamente en las personas hay dos  
puntos de partida (predisposición) en los que ciertas características eran expresadas de manera  
independiente a lo impuesto por la sociedad a lo largo de su desarrollo personal, de manera externa. Sin  
embargo, siempre dejó claro que este tipo de rasgos eran ajustables y dinámicos con la incorporación con  
su contraparte, para que de esta manera mediante su integración se consiga llevar a cabo el proceso de  
individuación.  
Dentro de la amplia gama de pares complementarios, Jung propuso cuatro funciones básicas para  
poder relacionarse con la realidad, que al estar en relación con los dos tipos de personalidad dan un total de  
ocho orientaciones psicológicas básicas.  
Este hecho nos recuerda de manera curiosa lo expuesto en el I Ching, que como ya mencionamos,  
fue una fuente de inspiración en varios momentos de la vida del psiquiatra suizo (Jung, 2023). En este texto,  
se parte de dos polos opuestos (yin-yang) que, al ser combinados entre sí, generan ocho trigramas y la  
posibilidad de los 64 hexagramas que representan la totalidad de dichas polaridades. Este hecho bastante  
similar a lo expuesto por Jung, nos muestra que no es posible quedarse solamente con dos tipos base de  
personalidad, sino que es la interacción de estas con el resto de funciones, las que permiten apreciar los  
impulsos humanos primarios que nos posibilitan el relacionamiento con el mundo.  
Las cuatro funciones planteadas por Jung son: Pensamiento, sentimiento, sensación e intuición. El  
pensamiento (clasifica) y el sentimiento (aporta un valor) representan una dupla que se opone pero que  
comparten la función de procesar los datos que han sido aportados a su vez por la sensación (sentidos) y la  
intuición (inconsciente), que como es bien sabido también son polaridades. Las interacciones de estos  
elementos hacen que el individuo elabore distintas funciones las cuales permiten organizar sus recursos  
conscientes e inconscientes. Estas cuatro funciones describen un andamiaje dialógico, donde cada una de  
ellas tiene una función en el despliegue total de la personalidad. Es de importancia resaltar que el  
comprender estas funciones no es un fin en sí mismo, sino que constituye un medio para el camino de  
individuación; corresponde a una arquitectura organizacional dinámica retroactiva y recursiva.  
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Complejidad organizacional en la recursividad psíquica  
La forma en la cual Jung estructura la psique (Jung, 1984) permite ver que se trata de un mecanismo  
de tipo no lineal, que hace parte de un sistema vivo que se mantiene en un constante estado de organización  
en torno a un centro regulador -Sí mismo- donde sus elementos y funciones interactúan en procesos  
continuos de compensación y transformación en diferentes niveles. El principio de la recursividad  
organizacional es aquel que, como lo expone Morin, permite romper la idea de linealidad entre causa y  
efecto pues existe la posibilidad de ser parte de un ciclo auto constitutivo, auto organizador y auto  
productor. Un proceso de tipo recursivo de tipo psíquico es aquel en el cual el Sí mismo visto como producto,  
puede ser a su vez también agente causal y regulador de la totalidad de la psique.  
La “organización” es un concepto que emplea ampliamente Morin en su obra donde esclarece su  
capacidad de unir, transformar, producir y mantener los elementos de un sistema. La organización da forma  
en el espacio y en el tiempo a una realidad nueva; posee un carácter generador en la cual se produce a sí  
misma al producir el sistema como unidad compleja.  
Se establece una relación entre el orden y la organización; sin embargo, el desorden no es suprimido  
en esta dinámica, pues en ella radica el motor transformador en el sistema. Es lo que Morin establece como  
una “relación trinitaria” entre orden, desorden y organización, donde la organización difiere del concepto  
de estructura, pues la primera es una noción más amplia y compleja que la segunda. La estructura queda  
confinada a reglas y disposiciones que combinan las unidades de base, mientras que la complejidad es menos  
estructuralista y más fenomenológica. Las funciones conllevan una dinámica entre un orden y desorden que  
están organizados en la personalidad del sujeto.  
La teoría general de sistemas (Bertalanffy, 2021) nos muestra el funcionamiento propio de los  
sistemas cerrados y los sistemas abiertos, siendo estos últimos aquellos que mantienen intercambios con el  
exterior. Cuando en el ejercicio regulador de las funciones expuestas por Jung el individuo emplea  
instrumentos cognitivos con el fin de interactuar con la vida externa en la cual está inmerso, consigue  
mantener una relación entre el sujeto y el mundo que restaura una función vital primaria para alcanzar un  
estado psíquico en plenitud al comportarse como un sistema abierto regulado. Jung nos muestra que cuando  
el individuo no se relaciona adecuadamente con la vida externa se genera la pérdida de la función de la  
realidad que impide la integración psíquica, pues prima una disociación entre el mundo interior y exterior.  
Esto se refleja en la psique del individuo como una introversión patológica, que lleva al mismo a una  
incapacidad para funcionar en sociedad con pérdidas progresivas de criterios retroactivos de verificación  
externa causando en últimas una ideación delirante sistematizada.  
El aceptar que para llevar a cabo el proceso de individuación es preciso la organización dinámica  
del sistema abierto nos lleva a plantear cómo se produce dicha regulación.  
En todos los niveles de organización compleja encontramos tres tipos de causalidades: una  
causalidad de tipo lineal, en la cual A produce B, en donde vemos una unidireccionalidad de tipo irreversible  
y secuencial y el efecto generado no influye de vuelta sobre la causa. Una segunda causalidad de tipo circular  
retroactiva, donde el producto final (B) incide de nuevo en aquello que lo causó (A) de manera bidireccional,  
una retroalimentación que puede ser positiva o negativa con el fin de mantener el equilibrio propio del  
sistema. Finalmente, la causalidad recursiva, en la cual el producto es productor de aquello que lo produce.  
Esta última conlleva el concepto de auto productividad no lineal en el tiempo y la producción de  
propiedades nuevas del conjunto, lo cual conocemos como productos emergentes.  
Al referirnos en términos causales, cabe mencionar que no se está anulando los principios casuales,  
los cuales son esenciales tanto en los diferentes postulados junguianos, como en el pensamiento complejo,  
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pues los procesos casuales y azarosos son necesarios para la organización del universo. Aceptar la  
complejidad conlleva la aceptación de la contradicción.  
En la psicología analítica, como mencionamos anteriormente, se establece que cada persona  
organiza las cuatro funciones (pensamiento, sentimiento, sensación e intuición) en una jerarquía personal  
de desarrollo y consciencia, lo que lleva a la relación entre una función Superior y una Inferior (Robertson,  
1998). La persona opta por emplear las funciones que le son más útiles como función superior, mientras  
que la función opuesta pasa forzosamente al terreno del inconsciente, pasando a ser función inferior. La  
constante dinámica entre estas dos funciones representa un bucle regulatorio no sólo retroactivo sino  
esencialmente recursivo en el camino de la individuación.  
Jung nos presenta a la psique como aquel estado dinámico en el cual las diferentes interacciones  
entre el aspecto consciente e inconsciente llevan a trascender en el ejercicio del crecimiento personal.  
Aquellos simbolismos generados en el campo inconsciente tienen un determinante efecto sobre la persona,  
es decir, se ejerce un estado circular que retro actúa sobre sí mismo. De esta manera aquellos símbolos que  
son producto de unos cimientos colectivos, nos llevan a cambiar nuestra vida y a la vez, este tipo de ajustes  
nos llevan a que el inconsciente exprese y genere nuevos simbolismos (Jung, 1992). Esta especie de  
circularidad productiva en la cual se generan ajustes entre el mundo consciente e inconsciente nos muestra  
cómo los procesos psíquicos buscan regularse mutuamente y organizarse retroactivamente en un proceso  
de tipo no lineal.  
La psique busca establecer este tipo de regulación a través de aspectos contrapuestos como es el Sí-  
mismo y la sombra. La sombra representa aquellos aspectos de nuestra esencia, nuestra personalidad, que son  
reprimidos u ocultos y sepultados en nuestro inconsciente, y buscan salir a flote cambiando nuestro  
comportamiento y acciones con el fin de poder acercarse el Sí-mismo; este último, representa el concepto de  
la totalidad integradora de la persona. Este ejercicio permite ver una dinámica retroactiva en la cual la  
integración de la sombra se convierte en un paso necesario para poder acercarse al Sí-mismo, y este último  
busca a su vez, identificar e impulsar el reconocimiento de la sombra de manera retroactiva y recursiva.  
Sueño como circuito de recursividad: La psique en un diálogo consigo misma  
En el psicoanálisis clásico, Freud estableció que muchos de los cuadros que los pacientes exhiben  
a través de los sueños y otras manifestaciones, reflejan signos de anormalidad conductual y poseían un  
significado simbólico a través del cual se expresaba el inconsciente. De ahí que, al someter al paciente a una  
indagación determinada sobre este tipo de imágenes referidas, en algún punto saldrá a flote la causa  
inconsciente de sus dolencias (Freud, 1975).  
Para Jung los sueños constituyen un mecanismo autorregulatorio que opera mediante un estado de  
diálogo continuo de tipo recursivo. Su contenido onírico de tipo simbólico refleja aspectos de la psique que  
necesitan ser integrados en la totalidad psíquica. La psique puede observarse a sí misma a la vez que se va  
ajustando mediante la integración de contenidos inconscientes, los cuales, al ser reconocidos por el aspecto  
consciente son modificados nuevamente generando, a su vez, nuevos contenidos oníricos en un espiral  
dialéctico continuo (Jung, 1972).  
El pensamiento consciente tiende a ser lineal mientras que el inconsciente se mueve en una  
dimensión no lineal. Jung nos lo evidencia al mencionar que una historia contada por la mente consciente  
posee un principio, un desarrollo y un final, pero en el ámbito de los sueños, en el cual el tiempo y espacio  
se rigen de una manera distinta, la narrativa onírica se despliega de una manera no lineal que obliga a realizar  
una lectura mucho más entramada. Los sueños señalan esa dirección que la evolución psicológica del  
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individuo requiere alcanzar, no se tratan solamente de síntomas de conflictos pasados, sino de mensajes  
con un contenido simbólico prospectivo que conducen de manera acausal hacia el camino de la  
individuación.  
La sombra como factor auto-organizador dentro de la recursividad  
El arquetipo de la sombra nos invita, según Jung, a reconocer lo negado, lo contradictorio e incierto  
de la psique. No solo como un lado “negativo” sino también como aquellas potencialidades no desarrolladas  
con el fin de confrontar al sujeto en el camino de la individuación. La sombra opera como un sistema  
psíquico autónomo que perfila lo que es la contraparte del “Yo” idealizado.  
La edificación de la sombra personal se da como un proceso natural durante la infancia en el cual,  
durante la construcción de la personalidad integramos ciertos aspectos considerados ideales para la  
configuración de nuestro “yo”, al mismo tiempo que vamos “archivando” hacia la sombra aquellas  
cualidades que no se adecuan a nuestra imagen ideal.  
En la epistemología de la complejidad los procesos compensatorios no representan un equilibrio  
estático ideal, sino que, por el contrario, hacen referencia a dinámicas recursivas. Partiendo de este principio  
podemos comprender cómo la psique no llega a un estado estático de equilibrio por igualdad de aspectos  
entre el Yo y la sombra, sino que a partir de la tensión ejercida por estos dos aspectos le permite reorganizarse  
para alcanzar coherencia en medio del desorden a través de una dinámica de ajuste constante.  
En este orden de ideas es posible ver como la Sombra ejerce en el Yo y viceversa una dinámica de  
auto-organización en la cual lo que es reprimido por el “yo”, no es extinguido, sino que retorna como fuerza  
reorganizadora de la psique; de lo contrario, sin este desorden ejercido por la “Sombra” el sistema sería rígido  
y por ende disfuncional.  
La sombra compensa la unilateralidad del “Yo” logrando mantener la coherencia del sistema  
reorganizando sus componentes (Zweig; Abrams, 2019). Al igual que la complejidad busca la integración  
del orden y el desorden para conseguir la capacidad adaptativa del sistema, la integración de los aspectos  
presentados por la “sombra” a través de sueños, proyecciones, síntomas, etc., retroalimentan al “Yo” en el  
proceso de individuación.  
La psique como holograma: El todo en la parte, lo colectivo en lo individual  
En esencia el principio hologramático que expresa Morin está soportado en la idea que la parte está  
en el todo y el todo a su vez está en la parte. Este principio contrapone la visión reduccionista en el que  
solo se da relevancia a la parte, que ha llevado a la hiperespecialización del conocimiento a costa del  
entendimiento de la totalidad a la cual pertenecen esos elementos constitutivos, y también a la idea holística  
de solo ver y aceptar la totalidad, ignorando así dichos elementos constitutivos. Es pues, un punto  
integrador en el cual tanto las partes como el todo están en estrecha e inseparable relación, lo que permite  
el entendimiento del sistema.  
Uno de los puntos que sin duda más logra coincidir en el pensamiento junguiano con este principio  
hologramático es el del inconsciente individual y el inconsciente colectivo. El inconsciente colectivo es tal  
vez uno de los puntos primordiales e innovadores del pensamiento de Jung.  
Jung establece la coexistencia de dos estratos fundamentales del inconsciente: Uno de tipo personal,  
previamente enunciado de manera brillante e ingeniosa por Freud con su clásica división de los tres niveles,  
consciente, preconsciente e inconsciente personal, siendo este último poseedor de contenidos que, si bien en algún  
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momento fueron conscientes, terminaron olvidados o reprimidos, al igual que las percepciones de tipo  
subliminal que no alcanzan el terreno consciente. Este tipo de inconsciente personal es aquel que cada individuo  
experimenta de una manera única e individual, es el que se basa en vivencias personales, recuerdos y  
experiencias específicas. Por otro lado, el inconsciente colectivo, se sitúa en un nivel mucho más profundo, es  
un estado complejo compartido por toda la humanidad de manera universal y en el cual se encuentran  
contenidos, formas e imágenes de tipo primordial a los cuales denominó arquetipos.  
El inconsciente colectivo tiene una profunda influencia en la vida de cada individuo, tiene repercusión  
en la forma en la cual percibimos nuestras experiencias, en cómo direccionamos muchos de los aspectos de  
nuestro proceder de una manera individual. Si bien representa en la psicología analítica un origen de tipo  
compartido y universal heredado de manera colectiva, incide en el inconsciente de tipo personal a pesar de  
las singularidades biográficas experimentadas y codificadas por cada individuo.  
Una convergencia epistemológica fundamental entre el pensamiento de Jung y Morin, radica en  
que ambos superan perspectivas reduccionistas sobre el pensamiento humano. Esto permite alejarse de los  
planteamientos en los cuales se pretende explicar al individuo únicamente desde su singularidad o de  
experiencias de tipo colectivo. En su lugar, proponen comprender a la psique humana en una mutua y  
constante relación entre lo singular y lo universal, en donde cada uno de estos aspectos contiene  
información del otro, pero en diferentes niveles. Se trata de una dinámica no solo de tipo dialógica sino de  
tipo hologramática, en la cual es posible aceptar e integrar las visiones tanto del individualismo psicológico  
como del colectivismo, pero bajo una visión ontológica relacional donde coexisten tanto el ser individual  
como el ser colectivo en un dinamismo incesante.  
La lógica no lineal permite salirse de los principios de pensamiento tradicional clásico en el cual lo  
individual es diametralmente opuesto de manera contundente a la totalidad. En términos epistemológicos,  
esto nos permite relacionar al individuo como reflejo de la sociedad que lo produce (lenguaje, pensamiento  
y cultura) a la vez que la sociedad está presente en cada individuo que la compone. Esto nos permite salir  
de la dicotomía inamovible propia de la división sujeto-objeto que impide ver la mutua relación entre aquello  
que es contenido y que a su vez contiene simultáneamente.  
El inconsciente colectivo cumple una función hologramática en tanto que cada psique individual  
contiene la totalidad de aquellos patrones universales arquetípicos de la humanidad. Así mismo, la  
experiencia colectiva está siendo reflejada en la expresión individual. El principio hologramático trasciende  
la lógica de tipo lineal pues permite que se dé una relación recursiva entre lo individual y lo colectivo. El  
inconsciente colectivo representa un sistema complejo donde cada psique individual contiene y expresa la  
totalidad de la herencia simbólica.  
El Sí-mismo como propiedad emergente en el marco del pensamiento complejo  
El Sí-mismo representa para Jung el núcleo más íntimo de la psique, siendo el arquetipo central de  
la totalidad psíquica y el punto que busca alcanzar el proceso de individuación. El término “Sí-mismo” fue  
acuñado por Jung del alemán original “Selbst(JUNG, 1986) dando a entender que se trataba de una entidad  
tanto personal como trascendente. Este arquetipo simboliza la totalidad, nos presenta ese campo que abarca  
tanto el consciente como el inconsciente de una manera integrada actuando como un principio organizador y  
regulador de la psique.  
El sí-mismo guarda relación con varios de los principios epistémicos del pensamiento complejo.  
Podemos ver su relación hologramática que conlleva una “potencialidad” de la totalidad donde la psique  
posee la potencialidad del “Sí mismo” como totalidad. Encontramos una dinámica dialógica entre el consciente  
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e inconsciente y con cada uno de los aspectos y elementos que los componen. Observamos que posee  
recursiones de autoproducción donde aspectos como la integración de la sombra es un camino hacía al Sí-  
mismo en un marco de una recursividad organizacional.  
Es posible observar en este arquetipo una dinámica de tipo dialógico entre el consciente e inconsciente,  
al igual que en sus otros constituyentes. El proceso de individuación es llevado a cabo mediante recursiones  
de auto-organización en donde la realización gradual del Sí-mismo, opera mediante la integración de aspectos  
como la Sombra, el complejo ánima/ánimus y las funciones inferiores (Jung, 1998). El Sí-mismo, de manera  
simultánea desempeña un rol organizador de dicha integración configurando un bucle recursivo (producto-  
productor) característico de los sistemas complejos.  
Este arquetipo junguiano comprende el mejor ejemplo de lo que es una propiedad emergente como  
es expuesta en el pensamiento complejo. El Sí-mismo surge de la interacción auto-organizada y dinámica  
entre los muchos subsistemas que componen la psique. A diferencia de aspectos y funciones como el ego, la  
sombra y funciones psicológicas, el Sí-mismo no preexiste como estructura aislada, sino que surge cuando  
estos otros elementos se relacionan en integraciones complejas durante el proceso de individuación. El Sí-  
mismo, alcanza cierto umbral organizacional que solo es posible bajo la dialógica entre el consciente y el  
inconsciente. Dicho umbral representa una transformación recursiva entre los componentes psíquicos sujeta  
a la retroalimentación y reorganización del sistema que lo generó, configurando un proceso de causación  
circular que es característico de las propiedades emergentes en sistemas auto-ecoorganizados.  
CONSIDERACIONES FINALES  
Un análisis comparativo entre la psicología analítica junguiana y el pensamiento complejo expuesto  
por Morin, revela puntos de alta convergencia conceptual, en la cual ambos sistemas de pensamiento  
elaboraron una epistemología predominantemente relacional, en la cual el conocimiento emergente es  
producto de interacciones dinámicas y altamente complejas.  
Este tipo de ejercicio comparativo entre estos sistemas teóricos de pensamiento nos permite  
identificar múltiples puntos de confluencia en donde ambos pensadores se alejan de postulados rígidos,  
fijos y discretos, proponiendo de manera alternativa procesos dinámicos articulados y emergentes. Para  
Jung se trata de un entretejido relacional de los componentes psíquicos, de igual manera como para Morin  
los sistemas dinámicos complejos, se dan en la base de un devenir, propias de las tensiones entre el orden  
y el desorden que generan su configuración estructural y funcional. Ambos pensadores rechazan la idea en  
la cual la realidad se encuentra confinada a la linealidad causal y al orden preestablecido. Por el contrario,  
proponen un escenario ontológico procesual en el cual tanto la psique como los sistemas complejos existen  
en la base de un constante devenir.  
Bajo el lienzo de un nuevo paradigma, ambos pensadores nos invitan a dejar a un lado la “ilusión”  
de la simplicidad reduccionista, mostrándonos que todo fenómeno es resultado de un entretejido de  
múltiples dimensiones. Jung, por su lado, nos muestra cómo la psique no puede ser reducida a los elementos  
que la constituyen, sino que es producto de aquellas tensiones que complejizan la identidad del individuo.  
La epistemología de la complejidad de Morin ofrece un marco conceptual pertinente para  
reinterpretar el pensamiento junguiano, con una mirada mucho más articulada permitiendo abordar su  
multidimensionalidad, incertidumbre y dinamismo de manera sistémica.  
La dialógica expuesta por el pensamiento complejo, fundamenta epistemológicamente la tensión  
entre los opuestos que Jung describe como necesaria para alcanzar la individuación, mostrando que la  
coexistencia de opuestos es el motor que permite la transformación. En este sentido la coexistencia entre  
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polaridades como consciente-inconsciente, ánima-ánimus, no implica la eliminación de uno de sus polos,  
sino que genera un diálogo recursivo donde cada aspecto conserva su especificidad a la vez que contribuye  
a la totalidad de la psique.  
La relación entre dos niveles del inconsciente, uno a nivel personal y el otro a nivel colectivo nos  
permite ver cómo lo individual refleja lo universal. Este principio hologramático, el cual sostiene que la  
parte está en el todo y el todo está en la parte, nos permite comprender cómo las experiencias individuales  
están atravesadas por arquetipos y símbolos universales que pertenecen al terreno del inconsciente  
colectivo. Esto nos permite ver el por qué los sueños, fantasías y manifestaciones sintomáticas pueden  
encontrarse presentes en patrones míticos universales. Cada persona porta en su interior una totalidad que  
une a la humanidad entera a través de símbolos, narrativas, imágenes primordiales, haciendo visible lo  
colectivo en el plano personal.  
El principio de recursividad organizacional abre la posibilidad a procesos llevados a cabo en un  
marco de tipo recursivo. Jung nos presenta unos mecanismos autorreguladores de la psique humana, la cual  
opera entre dos aspectos que son esenciales para la construcción de la estructura psíquica del individuo;  
estos elementos son el Sí-mismo y la sombra, que, a través de procesos dialécticos, permiten que el sí-mismo  
efectué una función de “centro organizador” de la totalidad psíquica que interactúa a su vez con la sombra,  
para poder integrar así aquellos contenidos reprimidos o relegados que la habitan.  
Podemos entonces afirmar que se trata de un proceso no lineal de dinámicas circulares de  
retroalimentación que permite la generación de nuevos niveles de autoconocimiento en el camino de la  
individuación, donde cada ciclo recursivo a nivel psíquico, actúa como mecanismo fundamental mediante  
el cual se expande el sí-mismo con sus propios contenidos inconscientes. Se evidencia de esta manera que la  
psique opera bajo el mismo principio recursivo que está presente en los sistemas complejos.  
En síntesis, podemos afirmar que existe una convergencia epistemológica significativa entre los  
principios de la psicología analítica propuesta por Jung y los principios propios del pensamiento complejo  
expuesto por Morin.  
La epistemología compleja a través de los principios dialógico, hologramático y de recursividad  
organizacional aporta un marco teórico sólido que permite comprender conceptos como la dinámica de  
opuestos, el proceso de individuación y la relación entre inconsciente personal y colectivo, aspectos  
centrales del pensamiento junguiano.  
Esta convergencia epistémica revela patrones organizativos comunes que operan tanto a nivel de  
la psique individual como en sistemas sociales y biológicos, sugiriendo principios de interconexión dinámica  
que trascienden escalas específicas de análisis, lo que permite situar la teoría de la psicología analítica de  
Jung dentro de un paradigma más amplio y enriquecido en el momento histórico actual.  
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Barcelona: Kairós, 2019.  
Submetido em janeiro de 2026  
Aprovado em julho de 2026  
Informações do (a) (s) autor(a)(es)  
Nome do autor: Camilo E. González C. MD.  
Afiliação Institucional: Universidad Autónoma de Barcelona. Magister en Med Alternativa MTCh y Acp  
Universidad Nacional de Colombia.  
Grau de escolaridade: Magister en Psicobiología y Neurociencia cognitiva. Doctorando en Pensamiento  
complejo Multiversidad Mundo Real Edgar Morin. México.  
Informações do (a) (s) autor(a)(es)  
Nome do autor: Virginia Gonfiantini.  
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Afiliação Institucional: Multiversidad Mundo Real Edgar Morin, México. Universidad Nacional de Rosario,  
Argentina  
Grau de escolaridade: Posdoctora en Educación, Investigación y Complejidad - EMI- Bolivia  
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