RCE
REVISTA CIENTÍFICA EDUC@ÇÃO
ISSN 2526-8716
y llevada a la escuela (Veiga-Neto, 2002), que debe estar primordialmente basada en conceptos
porque son ellos los que nos permitirán tratar el mundo como objeto de pensamiento. Nos
conduciremos a comprender, leer y conceptualizar el mundo (Grinberg, 2009), a nosotros en
ese mundo y a nosotros con los otros (Di Paolantonio, 2024) en ese mundo, a través de los
conceptos organizados en conocimientos escolares en asignaturas o disciplinas (Viñao, 2006).
Será con ellos y con la experiencia y los afectos que nos constituyen, que pensaremos,
cuestionaremos y haremos circular la cultura a partir de su apropiación y re-creación. Tal como
sostiene Garrett (2017 en Di Paolantonio, 2018), somos más que recolectores de
conocimiento, somos resistentes a él y también lo usamos como arma.
Transmitir los conocimientos escolares a partir de la enseñanza regulada y sistemática
va por un camino distinto al de la apropiación de éstos, sin embargo, se trata de ofrecer
conocimientos no para acumular sino para aprender, para generar conciencia de nuestras
condiciones de existencia y para luchar por vidas más dignas, disfrutables y vivibles (Butler,
2004). Se trata de, a través del curriculum, transmitir conocimientos escolares que sean
poderosos (Young 2014 en Galian y Louzano, 2014). Esto es en doble sentido, conocimientos
que sean de gran valor para los y las jóvenes y que a su vez sea un conocimiento especializado
respecto un campo de saber. De aquí que cobre relevancia la reflexión en torno a aquello que
la escuela transmite o no, cómo lo hace o deje de hacerlo, a quienes y para qué, porque allí se
juega la trama de las desigualdades entre jóvenes de la misma franja etaria, de diferentes
sectores sociales, que asisten a diferentes escuelas, cuyas familias desarrollan distintas
estrategias de consumo y acceso a bienes culturales que establecen por sí brechas diferenciales.
Será aquello que la escuela nos transmita y transmita aún más a las poblaciones que atraviesan
mayores desigualdades, lo que nos permitirá luchar con el pensamiento para pensar nuestro
tiempo, la cosa pública y la democracia desde la resignificación, la creatividad y la sensibilidad
(Di Paolantonio, 2024).
Cuidar y transmitir conocimientos valiosos para la vida ha estado en la base del
contrato fundacional de los sistemas educativos y se ha expresado en el curriculum escolar
con un gran propósito de síntesis cultural sorteando relaciones de poder, pujas y disputas. En
este esfuerzo por colocar el foco de problematización en aquello que enseña la escuela, nos
situamos en una perspectiva de los conocimientos y los procesos de transmisión cultural que
se aleja de visiones reductivistas que suponen que el currículum solo refiere al conocimiento
o que la escuela sólo se reduce al enseñar. Tal como sostienen Lopes y Borges (2017) alejarnos
de una perspectiva que cosifique el conocimiento sin advertir los flujos interpretativos a los
que está expuesto,
Preguntarse qué conocimiento es el más valioso, em poder intelectual y social (Yates
& Collins, 2010) es una provocación constante para estudiar de acuerdo con las
preocupaciones e inquietudes colectivas. Como sostiene Pinar (2004) la educación no es un
servicio prestado a los consumidores, es una oportunidad que se ofrece a los estudiantes, cuya
calidad depende de la sofisticación intelectual de aquellos que enseñan. Con esto, indicamos
lo fundamental de conducir la atención a las prácticas curriculares, a las interacciones
pedagógicas en las aulas, a los procesos de comunicación, categorización y enmarcamiento
(Bernstein, 1990) y a la experiencia y sentidos del profesorado en torno al curriculum y a cómo
se posicionan ante los conocimientos y a ellos/as como transmisores. Las sociedades se juegan
su subsistencia y continuidad en como transmite, almacena y recrea el conocimiento
producido, en tanto el campo académico precisa del debate por cómo las escuelas en el
presente desarrollan prácticas de selección, transmisión y distribución de la cultura.
Afirmamos que el curriculum es objeto de la política educativa y un artefacto capaz
de hacer mucho más que sólo ordenar el conocimiento en asignaturas escolares (Goodson,
2014; Goodson & Marsh, 1996; Viñao, 2006) y el funcionamiento de la educación escolar
(Veiga Neto, 2002, 2002a). La construcción del qué y el cómo de la enseñanza, clasifica y
distribuye sujetos en los espacios educativos en todos sus niveles: institucionales, disciplinares
Revista Científica Educ@ção v.11● n.17● jan-dez/2026 ● Demanda contínua.